febrero 26, 2026
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Una fuga de gas no siempre comienza con fuego. En muchos casos, los primeros signos son mareos, malestar o irritación, síntomas que pueden derivar en intoxicaciones, evacuaciones y hasta el cierre temporal de áreas críticas. En espacios de alta ocupación o de operación continua, el impacto no solo compromete la seguridad, sino también la continuidad operativa, la reputación institucional y los costos del negocio.

Sectores como educación, salud, hotelería, alimentos y bebidas, retail con cuartos fríos, centros logísticos, plantas industriales y edificios corporativos suelen operar con cocinas, calderas, salas técnicas o áreas cerradas donde una fuga puede escalar rápidamente si el sistema de detección no responde como fue diseñado.

En el caso de sistemas basados en CO₂, el riesgo puede ser aún más silencioso. En espacios con ventilación limitada, la acumulación de este gas puede desplazar el oxígeno y provocar síntomas que fácilmente se confunden con cansancio o calor, lo que hace crucial una detección oportuna y una respuesta adecuada.

“La diferencia entre tener un sistema y tener control es la verificación. Un detector puede estar instalado y aun así no ser confiable si no se calibra, si no se prueba su respuesta completa o si no está integrado correctamente con alarmas y ventilación”, señaló el Lic. Antonio Pérez, Gerente General de Grupo EULEN Panamá.

Según especialistas, muchas fallas no se originan por falta de tecnología, sino por mantenimientos incompletos o pruebas superficiales que no validan el funcionamiento integral del sistema. Entre los hallazgos más frecuentes se encuentran sensores fuera de calibración, alarmas imperceptibles en áreas ruidosas, ventilación que no se activa correctamente, integración incompleta con otros sistemas del edificio y ausencia de registros que documenten pruebas y calibraciones recientes.

“Un mantenimiento formal no revisa solo un panel; prueba escenarios y deja evidencia. Si el sistema detecta pero no activa la respuesta prevista, o si no hay registro de calibraciones, la empresa queda expuesta. Esto es seguridad, pero también continuidad operativa”, agregó Pérez.

En Panamá, el marco técnico vinculado al control preventivo de sustancias químicas en ambientes laborales refuerza la importancia de la prevención, el control y la documentación. En la práctica, esto significa que no basta con contar con equipos instalados: se requiere un plan estructurado de mantenimiento, pruebas periódicas y correctivos debidamente registrados.

Expertos coinciden en que un mantenimiento preventivo efectivo debe validar el circuito completo: que el detector identifique la fuga, que la alerta llegue a quienes deben actuar y que los protocolos de respuesta —incluyendo ventilación automática cuando aplique— funcionen correctamente.

Más allá de la seguridad inmediata, una falla puede traducirse en interrupciones, pérdidas económicas y daños reputacionales que rara vez están contemplados en los presupuestos. En este contexto, hablar de detección de gas y CO₂ no es solo hablar de infraestructura, sino de gestión del riesgo y continuidad del negocio: revisar, probar y documentar antes de que el sistema tenga que demostrar su eficacia en el peor escenario.

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