En medio de los crecientes desafíos de los sistemas de salud a nivel global, los medicamentos biosimilares se posicionan como una alternativa estratégica para ampliar el acceso a terapias de alto costo, manteniendo estándares de calidad, seguridad y eficacia.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, estos fármacos cumplen con rigurosos controles regulatorios y representan una oportunidad real para mejorar la cobertura de tratamientos biotecnológicos, especialmente en contextos donde el costo limita su disponibilidad.
¿Qué son los medicamentos biosimilares?
Para comprender su importancia, primero es necesario entender los medicamentos biológicos. Estos se desarrollan a partir de organismos vivos, como células, y han revolucionado el tratamiento de enfermedades complejas como el cáncer, la artritis reumatoide, la psoriasis, la esclerosis múltiple y enfermedades inflamatorias intestinales.
Sin embargo, su alto costo ha sido una de las principales barreras para los pacientes.
En ese contexto, los biosimilares surgen como versiones altamente similares a estos medicamentos originales. “Un biosimilar es un medicamento desarrollado bajo estándares rigurosos que garantizan su seguridad y eficacia. Aunque no es idéntico, cumple con parámetros estrictos de calidad”, explicó la especialista Ivonne Torres Atencio, catedrática de Farmacología de la Universidad de Panamá.
A diferencia de los medicamentos genéricos, que son copias exactas de compuestos químicos, los biosimilares se producen a partir de estructuras biológicas complejas, lo que implica procesos más avanzados y controlados.
Un desarrollo altamente regulado
El proceso de creación de un biosimilar inicia una vez que el medicamento biológico original pierde su patente. A partir de ese momento, los laboratorios desarrollan su propia versión mediante tecnología biotecnológica, bajo estrictos estándares internacionales.
Estas terapias deben ser aprobadas por organismos reguladores de alto nivel, como la Agencia Europea de Medicamentos y la Administración de Alimentos y Medicamentos, además de cumplir con procesos continuos de control y vigilancia.
“El mayor reto está en la fase analítica, donde se construye la molécula con precisión. Es un proceso complejo que requiere tecnología avanzada y controles rigurosos”, destacó la especialista.

Impacto en el acceso y sostenibilidad
Uno de los principales beneficios de los biosimilares es su capacidad para ampliar el acceso a tratamientos innovadores, especialmente en sistemas de salud públicos.
Estos medicamentos permiten optimizar recursos sin comprometer la calidad terapéutica, lo que se traduce en más pacientes beneficiados.
A pesar de sus ventajas, aún existen percepciones erróneas sobre su seguridad y eficacia. No obstante, la evidencia científica respalda que cumplen con los mismos estándares que los medicamentos originales.
En términos económicos, los biosimilares presentan una estructura de costos diferente: concentran su inversión en el desarrollo inicial, lo que reduce gastos en etapas posteriores sin afectar su desempeño clínico.
Además, al igual que otros medicamentos, están sujetos a procesos de farmacovigilancia que garantizan su seguridad en el uso real.
Una oportunidad para los sistemas de salud
En un escenario donde la sostenibilidad y el acceso equitativo son prioridades, los biosimilares se perfilan como una solución concreta para fortalecer los sistemas sanitarios.
Se estima que, a nivel mundial, estos medicamentos podrían generar ahorros acumulados superiores a 215 mil millones de dólares entre 2021 y 2026.
“Es importante confiar en estos tratamientos cuando han sido aprobados por agencias regulatorias de alto estándar. Representan una oportunidad para que más pacientes accedan a terapias innovadoras”, concluyó la especialista.
