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Vivimos tiempos particularmente complejos y desafiantes. El desarrollo energético se desenvuelve hoy en un escenario marcado por tensiones geopolíticas persistentes, por una agenda ambiental cada vez más urgente y por una aceleración tecnológica sin precedentes. La energía hoy, más que nunca, es un eje central de; la seguridad nacional, la competitividad económica y la estabilidad social de nuestros países.

Las decisiones que tomamos hoy en materia energética no solo definirán nuestras trayectorias de desarrollo, sino que incidirán directamente en la calidad de vida de nuestras sociedades y en el bienestar de las generaciones futuras.

La consigna es seguir avanzando en la descarbonización de nuestras economías. Para ello, un imperativo es avanzar en la electrificación de los consumos energéticos. Pero, a la vez, exige reconocer el rol estratégico de las moléculas de bajas emisiones; del hidrógeno de baja emisiones, de los combustibles sintéticos, de los biocombustibles, y poner atención a las nuevas soluciones tecnológicas que aportan en este esfuerzo.

Esta transición requiere no solo diversificar fuentes, sino también modernizar redes, gestionar mejor la demanda, profundizar la eficiencia energética y fortalecer la integración regional.

En este contexto desafiante, América Latina y el Caribe se encuentran en una posición de ventaja comparativa a nivel global. Nuestra región cuenta con condiciones que ninguna otra reúne en la misma magnitud.

Hoy, casi el 70% de la electricidad generada en la región proviene de fuentes renovables, muy por encima del promedio mundial. Somos líderes en hidroelectricidad, y hemos avanzado con fuerza en energía solar y eólica. Ambas fuentes, ya representan el 20% de la electricidad producida en la región.

No solo contamos con los mejores recursos solares, eólicos e hídricos del planeta, sino que además con una dotación estratégica de minerales críticos —como cobre y litio— fundamentales para el almacenamiento, la electrificación y las tecnologías de la transición.

El período que concluye ha sido clave para consolidar a OLACDE como un referente técnico y político regional:

i) Avanzamos sustantivamente en la proyección internacional de nuestra organización reforzando acciones de diplomacia energética que han premitido que América Latina y el Caribe esté presente con voz propia en los debates globales del sector, para lo cual reforzamos nuestra presencia en foros multilaterales, acción hoy, más importante que nunca.

ii) Fuimos activos promotores de la integración energética regional, tanto eléctrica como gasífera Por ello, cumplimos nuestro rol como Secretaría Técnica en procesos de integración regional como CELAC y el Consenso de Brasilia. Creamos el Consejo Regional de Planificación Energética, un espacio estratégico para pensar el largo plazo y desarrollar planes más allá solamente de los mercados domésticos.

iii) En el plano del fortacimiento institucional: a) creamos el Consejo Empresarial de OLACDE, institucionalizando el diálogo público-privado; espacio clave para acompañar la transición energética en nuestra región, b) incorporamos a la Unión Europea como Observador Permanente y c) le dimos una visibilidad expresa a nuestra condición caribeña al introducirla en el nombre de nuestra Organización, ahora llamada OLACDE.

El período que comienza nos exige actuar con claridad estratégica, sentido de urgencia y una visión profundamente regional. El plan de gestión que guiará nuestra labor es de continuidad, pero también de profundización y proyección:

i) Fortaleceremos la cooperación técnica regional, Sur–Sur y triangular. OLACDE seguirá siendo una plataforma de confianza para movilizar conocimiento, capacidades y recursos, con especial atención a los países de menor desarrollo relativo y del Caribe.

ii) Pondremos especial énfasis en la seguridad energética, acceso y equidad. Seguiremos trabajando para cerrar brechas de acceso a la energía, promover soluciones para comunidades vulnerables y avanzar en cocción limpia, haciendo de la energía un factor de inclusión y cohesión social.

iii) Por ello, creamos nuestro programa “Energía que enciende oportunidades”, que busca acercar nuestra organización y la energía, a la vida diaria de las personas. orientados a otorgar soluciones concretas con impacto directo en comunidades y territorios.

iv) Incorporaremos en nuestra actividades temas emergentes que hoy sobresalen en la agenda energética, tales como: almacenamiento, digitalización de redes, electromovilidad, intelegencia artificial, entre otros, y

v) Seguiremos impulsando la interconexión eléctrica y gasífera regional, la convergencia regulatoria y planificación energética regional de largo plazo. Integrar no significa renunciar a soberanía. Significa ejercerla de mejor manera y con mayor eficiencia. Significa transformar nuestra diversidad energética en una fortaleza común.

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