Un grupo de ciudadanos, residentes, arquitectos, investigadores y defensores del patrimonio histórico hizo un llamado urgente a las autoridades del Ministerio de Cultura (Mi Cultura) y el Ministerio de Obras Públicas (MOP) para que detengan cualquier intención de demolición del edificio de la antigua Estación del Ferrocarril en Balboa. Exigen su preservación e integración a las obras de infraestructura proyectadas en el área, tal como lo obliga el pliego de cargos de la licitación y el Estudio de Impacto Ambiental aprobado.
Los ciudadanos enfatizan que resulta preocupante que desde vocerías oficiales por parte de los Ministerios mencionados se esté hablando de la posible demolición de la estación como una decisión inevitable, ya que esas declaraciones están sustentadas en información incompleta e imprecisa. En particular, el MINISTRO DEL MOP ha afirmado en medios que el edificio se encuentra en medio del trazado de las obras del nuevo inter cambiador vial y que, por tanto, debe desaparecer.
La desinformación contenida en el argumento del titular del MOP estriba en que existe una prohibición contrac tual como un Requisito Técnico Mínimo Obligatorio (RTMO) establecida en el pliego de cargos de la Licitación No. 2016-0-09-0-99-LV-004736 del propio Ministerio que prohíbe que se afecte el edificio. De demolerse el ed ificio, el MOP estaría destruyendo patrimonio que su propio pliego de cargos prohibió destruir por considerarlo un “Edificio de Especial Protección” y que el consorcio firmó aceptando que lo respetaría.
En cuanto a las declaraciones de la Ministra de Cultura, sobre la imposibilidad de preservar el Edificio porque el mismo no cuenta con una declaración de Patrimonio Histórico, señalan los ciudadanos que la obligación de no afectarlo existe por disposición del citado RTMO por encima de lo que dictamine el Ministerio de Cultura. La obligación contractual de proteger el edificio prima a pesar de la falta de voluntad del Ministerio de Cultura de proteger el bien patrimonial como le obliga la ley y la constitución.
Concluyen los ciudadanos que, si el edificio no está protegido por una declaración de patrimonio histórico, SÍ lo está por la obligación contractual del Requisito Técnico Mínimo Obligatorio (RTMO) y debe protegerse porque esa es la fuente de la prohibición. Con este requisito, el contratista no podrá afectar esta edificación en ninguna de las fases del proyecto, tal como lo dicta el pliego de cargos, el contrato firmado y el estudio de impacto ambiental aprobado.
Además, ciudadanos y especialistas han señalado que los trazados y planos aprobados no solo reconocen la presencia de la Estación, sino que contemplan su integración como un espacio urbano dedicado a la memoria ferroviaria, tal como lo dictamina el contrato firmado por el consorcio en el anexo U, numeral 4.1. Lo mismo dictan los documentos de licitación publicados en Panamá Compra en la página 62, que describen a la anti
gua estación como “edificio de especial protección” reservado para que junto a él se desarrolle un parque que conecte el museo ferroviario con los predios de las edificaciones del Canal de Panamá, creando un ecosistema urbanístico que vincule toda el área para el uso y disfrute de los ciudadanos.
Los ciudadanos solicitan a las autoridades suspender cualquier acción que comprometa la integridad del edi ficio, publicar la información técnica completa, convocar a especialistas independientes en patrimonio, urban ismo e ingeniería, y evaluar alternativas reales de conservación. La antigua estación puede convertirse en un verdadero motor cultural y económico duradero, en un museo ferroviario, en una estación de la Línea 3 del Metro, en un espacio cultural o punto de conexión entre la historia del ferrocarril, el Canal y la ciudad contem poránea.
Demoler la Estación de Balboa sería una pérdida irreversible. Preservarla, en cambio, sería una oportunidad para demostrar que Panamá puede avanzar sin destruir su memoria. El país necesita infraestructura, pero también necesita identidad. Necesita puentes hacia el futuro, sí, pero no a costa de dinamitar los puentes que nos conectan con nuestro pasado. Borrar la historia no es progreso.
La Estación de Balboa no es una estructura menor ni un edificio cualquiera. Se trata de una pieza histórica vin culada al Ferrocarril de Panamá, la primera vía férrea interoceánica del mundo, una obra única por su capaci dad de conectar dos océanos a través del istmo panameño. Antes del Canal, el ferrocarril ya había colocado a Panamá en el centro del comercio, la movilidad y la geopolítica mundial. Su historia es parte inseparable de la identidad nacional y esta estación es uno de los únicos edificios que quedan para narrar ese relato.
La antigua Estación de Balboa forma parte de un conjunto urbano e histórico de gran importancia para Pana má. Está vinculada al diseño del pueblo de Balboa, al antiguo sistema ferroviario, a la relación entre la Zona del Canal, la ciudad de Panamá, la ciudad de Colón y a la memoria de las áreas revertidas. Su desaparición rompería una pieza clave del rompecabezas histórico que permite entender cómo se construyó el Panamá moderno. La Estación de Balboa es uno de los últimos eslabones de lo que fue esa modernidad. Una moderni dad que durante la fiebre del oro movilizó a miles de pasajeros de la costa este a la costa oeste de Estados Unidos; una modernidad que hizo posible nuestra separación de Colombia y la construcción del Canal, y que hasta 1998 transportó a pasajeros panameños por el centro del istmo entre Colón y Panamá.
De toda la línea ferroviaria y sus decenas de estaciones, esta es la última en pie dentro de la antigua Zona del Canal y la única en el corazón político y logístico que fue el pueblo de Balboa. Fue emplazada donde está hoy por el arquitecto William L. Phillips junto a Frederick Law Olmsted Jr., cuyo padre diseñó el Central Park de Nueva York. Tenemos así un trazado y una estación que desde 1915 nos conectan directamente con uno de los íconos urbanos más emblemáticos del mundo. La falta de una declaratoria patrimonial formal no elimina el valor histórico, cultural y simbólico de la Estación de Balboa. Al contrario, evidencia una deuda del Estado panameño con su propia memoria.
